Publicado el marzo 15, 2024

Contrario a la creencia popular, el problema de los parabenos no es que sean inherentemente «cancerígenos», sino su capacidad de actuar como disruptores endocrinos acumulándose a través de múltiples productos.

  • No todos los parabenos tienen el mismo riesgo; la regulación europea distingue claramente entre los de cadena corta (más seguros) y los de cadena larga (restringidos).
  • El verdadero peligro reside en el «efecto cóctel»: la suma de pequeñas dosis de conservantes de 10-15 productos distintos que usas cada día.

Recomendación: Prioriza la reducción de parabenos de cadena larga (Propylparaben, Butylparaben) en productos que permanecen sobre la piel (cremas, lociones) y sé especialmente vigilante durante «ventanas de vulnerabilidad» como el embarazo, la lactancia o la pubertad.

La preocupación por los parabenos en la cosmética se ha convertido en un laberinto para muchas mujeres. Por un lado, titulares alarmistas nos advierten de sus posibles vínculos con desequilibrios hormonales y enfermedades. Por otro, la industria nos bombardea con etiquetas «sin parabenos», a menudo sin explicar qué los sustituye. Esta situación genera una ansiedad constante: ¿debo tirar todos mis productos? ¿Es cada ingrediente químico un enemigo potencial? La realidad, desde una perspectiva endocrinológica, es más matizada y menos aterradora de lo que parece, pero requiere un enfoque informado.

El debate no debería centrarse en si un solo producto con una dosis mínima de un conservante es peligroso. La clave, que a menudo se pasa por alto, es el concepto de carga química acumulada. Usamos champú, acondicionador, gel, crema hidratante, desodorante, maquillaje… cada uno con su propia lista de ingredientes. El verdadero desafío para nuestro sistema endocrino no es una exposición aislada, sino la suma constante y diaria de múltiples sustancias con potencial disruptor. Aquí es donde reside el «efecto cóctel», un fenómeno que la ciencia empieza a tomar muy en serio.

Pero si la solución no es la «quimiofobia» ni la eliminación total y paranoica, ¿cuál es el camino? La respuesta está en la gestión estratégica del riesgo. Se trata de aprender a diferenciar los ingredientes según su potencial de riesgo, a identificar los productos prioritarios a cambiar y, sobre todo, a ser conscientes de las etapas de la vida en las que nuestro cuerpo es más susceptible. Este artículo no es una lista de prohibiciones, sino una guía práctica basada en la evidencia científica para navegar por el mundo de la cosmética con precaución razonable, protegiendo tu salud hormonal sin renunciar a una higiene y un cuidado eficaces.

Para abordar este tema de forma estructurada, exploraremos los mitos y realidades sobre los parabenos, aprenderemos a descifrar las etiquetas, analizaremos las alternativas y definiremos cuándo es crucial aplicar el principio de precaución. También ampliaremos la perspectiva a otros desafíos, como el greenwashing o la reducción de plásticos en el baño.

Mito y realidad: ¿Son todos los parabenos cancerígenos o hay algunos seguros y permitidos?

La afirmación de que «todos los parabenos son cancerígenos» es una simplificación peligrosa que no se sostiene con la evidencia científica actual ni con la regulación europea. Como endocrinóloga, es mi deber clarificar que el riesgo no es uniforme. La comunidad científica diferencia claramente entre los parabenos de «cadena corta» (como el Methylparaben y el Ethylparaben) y los de «cadena larga» (como el Propylparaben y el Butylparaben). Los estudios sugieren que los de cadena larga tienen una actividad estrogénica más significativa, es decir, una mayor capacidad para imitar a las hormonas de nuestro cuerpo y, por tanto, un mayor potencial como disruptores endocrinos.

La Unión Europea, a través de su Comité Científico de Seguridad de los Consumidores (SCCS), ha actuado en consecuencia. No ha prohibido todos los parabenos, sino que ha establecido límites muy estrictos basados en este principio de precaución. Como afirma el SCCS en su evaluación, la suma de concentraciones de butilparabeno y propilparabeno no debe superar el 0,19% en un producto final. Además, ha prohibido su uso en productos destinados a la zona del pañal en bebés menores de 3 años, un claro reconocimiento de que existen ventanas de vulnerabilidad.

Por tanto, el enfoque no debe ser una fobia generalizada, sino una vigilancia selectiva. Saber que el Methylparaben es considerado seguro en las concentraciones permitidas nos libera de la ansiedad de tener que descartar todos los productos que lo contengan. Nuestra atención debe centrarse en los parabenos de cadena larga y en el efecto acumulativo, como veremos más adelante.

La siguiente tabla, basada en la regulación europea, resume de forma clara qué parabenos están permitidos, cuáles están restringidos y cuáles han sido directamente prohibidos, como es el caso del Isopropylparaben desde 2014. Esta herramienta visual es fundamental para empezar a tomar decisiones informadas.

Clasificación de Parabenos según la Normativa de la Unión Europea
Tipo de Parabeno Estatus Legal UE Concentración Máxima Restricciones
Methylparaben Permitido 0,4% individual / 0,8% mezclado Sin restricciones especiales
Ethylparaben Permitido 0,4% individual / 0,8% mezclado Sin restricciones especiales
Butylparaben Permitido con restricciones 0,14% Prohibido en zona pañal < 3 años
Propylparaben Permitido con restricciones 0,14% Prohibido en zona pañal < 3 años
Isopropylparaben Prohibido Prohibido desde 2014

Cómo encontrar los nombres ocultos de los conservantes sospechosos en la lista INCI

Una vez que entendemos que no todos los conservantes presentan el mismo nivel de preocupación, el siguiente paso es convertirse en una detective de etiquetas. La lista INCI (Nomenclatura Internacional de Ingredientes Cosméticos) es nuestra principal fuente de información, pero puede ser intimidante. Los ingredientes se listan en orden decreciente de concentración, por lo que aquellos al principio de la lista son los más abundantes. Sin embargo, los disruptores endocrinos no siempre son fáciles de identificar y a menudo se esconden tras nombres complejos o incluso bajo términos genéricos.

Más allá de buscar las terminaciones «-paraben» que ya conocemos, debemos estar atentas a otros compuestos. Por ejemplo, los liberadores de formaldehído (como DMDM Hydantoin o Quaternium-15), que son conservantes que actúan liberando lentamente pequeñas cantidades de formaldehído, una sustancia clasificada como carcinógena. Otro punto ciego son los ftalatos, a menudo utilizados para prolongar la duración de las fragancias. Rara vez los verá listados por su nombre; suelen estar ocultos bajo el término genérico «Parfum» o «Fragrance», amparados por el secreto comercial.

Para facilitar esta tarea, es útil tener una metodología de revisión rápida. No se trata de memorizar cientos de nombres, sino de aprender a detectar las señales de alerta más comunes y a interpretar la posición de un ingrediente en la lista. Un ingrediente preocupante al final de una larga lista en un producto que se aclara (como un gel de ducha) tiene un impacto mucho menor que el mismo ingrediente al principio de la lista de una crema corporal que permanece en la piel durante horas.

La siguiente imagen ilustra perfectamente este desafío: leer una etiqueta INCI a menudo se siente como examinar un texto antiguo con una lupa, tratando de descifrar un código secreto.

Detalle macro de una etiqueta INCI con lupa sobre superficie de madera natural

Plan de acción: Triaje de etiquetas en 30 segundos

  1. Buscar terminaciones clave: Localiza rápidamente cualquier ingrediente que termine en «-paraben» (Methylparaben, Propylparaben, Butylparaben, Ethylparaben) para evaluar su tipo (cadena corta vs. larga).
  2. Identificar liberadores de formaldehído: Escanea la lista en busca de nombres como DMDM Hydantoin, Quaternium-15, Diazolidinyl Urea o Imidazolidinyl Urea.
  3. Evaluar filtros UV sospechosos: Si es un producto con SPF, busca la presencia de filtros químicos como Benzophenone-3 (Oxybenzone) o Ethylhexyl Methoxycinnamate, ambos bajo estudio por su potencial disruptor.
  4. Interpretar «Parfum/Fragrance»: Si este término aparece alto en la lista de un producto «leave-on» (que no se aclara), considera el riesgo potencial de ftalatos ocultos y prioriza alternativas sin fragancia o con aceites esenciales naturales.
  5. Verificar la posición en la lista: Un ingrediente sospechoso entre los cinco primeros puestos tiene un peso mucho mayor que si aparece al final. Prioriza tu atención en la parte superior de la lista INCI.

Parabenos vs Fenoxietanol: ¿es la alternativa realmente más segura para pieles sensibles?

Ante la demanda del consumidor por productos «sin parabenos», muchas marcas han recurrido a conservantes alternativos, siendo el Fenoxietanol (Phenoxyethanol) uno de los más populares. La pregunta que surge de inmediato es: ¿estamos cambiando un problema por otro? La respuesta, una vez más, requiere matices. Desde el punto de vista de la disrupción endocrina, el fenoxietanol parece ser una opción más segura. El Comité Científico de Seguridad de los Consumidores (SCCS) de la UE lo considera seguro en productos cosméticos con una concentración máxima del 1% y, hasta la fecha, no se han notificado alteraciones hormonales claras asociadas a su uso tópico en adultos.

Sin embargo, «más seguro» no significa «inocuo» para todo el mundo. El principal inconveniente del fenoxietanol no reside en su perfil hormonal, sino en su potencial irritante. Las pieles sensibles, atópicas o con rosácea pueden reaccionar a este compuesto, especialmente en zonas delicadas como el contorno de ojos. De hecho, aunque el SCCS lo avala, las autoridades francesas (ANSM) cuestionaron su seguridad en 2012, sobre todo en productos destinados a la zona del pañal de los bebés, recomendando limitar su uso en este grupo poblacional, lo que demuestra que el consenso no es absoluto.

Esto nos enseña una lección importante: la etiqueta «sin parabenos» no es un cheque en blanco. Es una declaración de marketing que debemos analizar críticamente. A veces, las alternativas pueden ser menos estudiadas a largo plazo o presentar otros problemas, como un mayor riesgo de alergias o una menor eficacia antimicrobiana, lo que podría llevar a la contaminación del producto. Por tanto, si tienes la piel muy sensible o reactiva, un producto con parabenos de cadena corta bien formulado podría ser, paradójicamente, una opción menos irritante para ti que una alternativa con fenoxietanol.

La decisión final dependerá de tu perfil personal. Si tu principal preocupación es la disrupción endocrina, el fenoxietanol a una concentración del 1% es una alternativa respaldada por la ciencia. Si, por el contrario, tu principal problema es la sensibilidad y la irritación cutánea, deberás probar y observar cómo reacciona tu piel, sin descartar de antemano formulaciones con conservantes considerados seguros como el Methylparaben.

El riesgo de acumular pequeñas dosis de conservantes en 10 productos diferentes al día

Aquí llegamos al núcleo del problema y al concepto más importante desde la perspectiva endocrinológica: el efecto cóctel. El riesgo real para nuestra salud hormonal no proviene de la pequeña y regulada dosis de propilparabeno en tu crema de noche. Proviene de la suma de esa dosis con la del desodorante, el champú, la laca, la base de maquillaje, el protector solar y el resto de productos de tu rutina. Como muestra la evidencia, en Europa, una mujer emplea una media de quince cosméticos diarios, y cada uno de ellos aporta su micro-dosis de conservantes y otros químicos.

Esta exposición múltiple y crónica es lo que preocupa a los científicos. Nuestro cuerpo no procesa cada sustancia de forma aislada. Interactúan entre sí, y la exposición simultánea a varios disruptores endocrinos de bajo potencial puede tener un efecto sinérgico, es decir, un impacto combinado mayor que la suma de sus partes. Como explica Francisco Artacho, investigador de la Universidad de Granada y experto en la materia:

No existe una dosis que pueda considerarse segura, ya que, por un lado, actúan como una hormona (y las hormonas actúan a niveles muy bajos) y, además, se ha demostrado el efecto combinado que ejercen estas sustancias en combinación con otros disruptores endocrinos.

– Francisco Artacho, Estudio Universidad de Granada sobre disruptores endocrinos

Esta acumulación no es una teoría, es un hecho medible. Estudios a gran escala, como los realizados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) en Estados Unidos, han demostrado la presencia de parabenos en la orina de la inmensa mayoría de la población. Un estudio concreto sobre 2.548 participantes encontró metilparabeno en el 99,1% de las muestras y propilparabeno en el 92,7%. Esto prueba que estas sustancias no solo se aplican, sino que se absorben, metabolizan y acumulan en nuestro organismo.

Por lo tanto, la estrategia más inteligente no es obsesionarse con un único ingrediente en un único producto, sino buscar reducir la carga tóxica total. Esto se logra priorizando productos «leave-on» (que permanecen en la piel) como cremas y lociones, frente a productos «rinse-off» (que se aclaran) como geles y champús. Reducir la exposición en un producto de uso diario que cubre una gran superficie corporal tendrá un impacto mucho mayor que cambiar un producto de uso ocasional.

¿Cuándo priorizar el cambio a productos «sin»: embarazo, lactancia o pubertad?

Si el principio de precaución es importante para la población general, se vuelve absolutamente fundamental durante ciertas etapas de la vida conocidas como «ventanas de vulnerabilidad». Estos son periodos en los que el sistema endocrino está en pleno desarrollo o experimentando cambios drásticos, haciéndolo mucho más susceptible a la influencia de sustancias externas. Las tres ventanas más críticas son el embarazo, la lactancia y la pubertad.

Durante el embarazo, la exposición a disruptores endocrinos puede afectar no solo a la madre, sino también al desarrollo fetal. El sistema hormonal del feto es extremadamente delicado y cualquier interferencia externa puede tener consecuencias a largo plazo. Por ello, es una etapa en la que se recomienda minimizar al máximo la exposición a parabenos de cadena larga, ftalatos y filtros UV químicos sospechosos. La propia Comisión Europea refleja esta preocupación al haber prohibido específicamente el uso de propilparabeno y butilparabeno en productos para la zona del pañal en menores de 3 años, argumentando que «la piel de esta zona tiende a irritarse y, por lo tanto, a ser más permeable».

Durante la lactancia, las sustancias absorbidas por la madre pueden pasar al bebé a través de la leche materna. Aunque las cantidades suelen ser pequeñas, la exposición es crónica y ocurre en un momento de rápido desarrollo para el bebé. De nuevo, aplicar un criterio de máxima prudencia es la recomendación médica estándar. En la pubertad, el cuerpo está inundado de hormonas naturales que orquestan cambios masivos. Introducir interferencias externas en este delicado baile hormonal es, como mínimo, imprudente.

Por tanto, si estás embarazada, planeas estarlo, estás lactando o tienes hijos adolescentes, este es el momento de ser más estricta en la selección de productos. No se trata de alarmismo, sino de una aplicación lógica del principio de precaución. Prioriza productos con fórmulas sencillas, sin fragancias sintéticas y con sistemas conservantes considerados de bajo riesgo. Para este fin, puedes optar por:

  • Cremas antiestrías: Aceites vegetales puros como el de almendras o rosa mosqueta, o marcas con certificaciones ecológicas como Weleda.
  • Protectores solares: Aquellos con filtros minerales (físicos) como el óxido de zinc o el dióxido de titanio.
  • Champús y geles: Líneas específicas para bebés o con certificación bio, como Mustela BIO o Naïf Baby & Kids.
  • Higiene íntima: Productos formulados específicamente sin parabenos ni perfumes, como los de marcas de farmacia tipo Lactacyd o Letifem.

Cómo detectar si un producto es realmente natural o solo tiene la etiqueta verde (Greenwashing)

En nuestra búsqueda de productos más seguros, es fácil caer en la trampa del «greenwashing» o lavado de imagen verde. Las marcas saben que términos como «natural», «eco», «bio» o «0%» venden, y a menudo los utilizan sin un respaldo real que los justifique. Un envase de color verde con una hoja dibujada no garantiza que el producto sea seguro ni respetuoso con tu salud hormonal. Como consumidores informados, debemos aprender a mirar más allá del marketing.

El primer indicio de sospecha es el uso de afirmaciones vagas y no certificadas. Un producto que se autodenomina «natural» sin un sello oficial que lo acredite no tiene ninguna obligación legal de cumplir con un estándar concreto. Como advierten los expertos en dermocosmética, estas etiquetas pueden ser engañosas.

El tan leído ya ‘0%’ y ‘100% natural’, en ocasiones, si realmente leemos bien el INCI, comprobamos que no es del todo cierto o que, a pesar de no llevar parabenos, por ejemplo, utilizan alternativas igualmente nocivas para tu salud. Si un sérum facial se vende como rico en caviar, pero en el etiquetado observamos que el caviar aparece al final del listado INCI, descubrirás que el porcentaje de contenido es muy bajo.

– Angela Rueda, angelarueda.com

La única forma de verificar las afirmaciones de una marca es buscar certificaciones oficiales de terceros. Estos sellos garantizan que un organismo independiente ha verificado que el producto cumple con unos estándares estrictos, como un porcentaje mínimo de ingredientes naturales o ecológicos y la prohibición de ciertas sustancias sintéticas. En España y Europa, algunos de los sellos más fiables son Ecocert, COSMOS y el español Bio VidaSana.

El siguiente cuadro comparativo te ayudará a diferenciar las certificaciones reales de las simples estrategias de marketing, un conocimiento indispensable para no ser engañada por una simple etiqueta verde.

Certificaciones Ecológicas Válidas vs. Marketing Verde
Certificación Validez Requisitos principales
Ecocert Oficial UE 95% ingredientes naturales, 10% mínimo ecológicos
COSMOS Oficial Internacional Sin parabenos, sin OMG, procesos sostenibles
Bio VidaSana Oficial España 90% ingredientes ecológicos certificados
«Natural» (sin certificación) Marketing Sin requisitos específicos
«Sin parabenos» (solo) Parcial Puede contener otros conservantes problemáticos

Alisado brasileño vs Tratamiento de keratina: ¿cuál alisa y cuál solo quita el encrespamiento?

Ampliando nuestra perspectiva más allá de los conservantes, otro ámbito de preocupación son los tratamientos capilares intensivos. Existe una gran confusión entre el «alisado brasileño» y el «tratamiento de keratina», términos que a menudo se usan indistintamente pero que describen procedimientos muy diferentes, con perfiles de riesgo distintos. Entender la diferencia es clave para tomar una decisión segura para tu cabello y tu salud.

El tratamiento de keratina, en su forma pura, es un tratamiento de nutrición profunda. Su objetivo es reponer la proteína natural del cabello (la queratina), reparar la cutícula, reducir el encrespamiento y aportar brillo. Un tratamiento de keratina auténtico NO alisa el cabello de forma permanente; simplemente lo vuelve más manejable y saludable durante un tiempo limitado. No rompe la estructura interna del cabello.

Por el contrario, el alisado brasileño (o cualquier otro tratamiento de «alisado progresivo») tiene como objetivo cambiar la estructura del cabello para que quede liso. Para lograr esto, necesita romper los puentes de disulfuro que definen la forma natural del pelo (rizado u ondulado). Históricamente, el ingrediente estrella para lograr esta ruptura ha sido el formaldehído (formol). Este compuesto es altamente eficaz para alisar, pero también es un reconocido carcinógeno por inhalación y un potente irritante. Su uso en cosmética está extremadamente restringido. En España, la concentración máxima de formaldehído permitida es del 0,2% según la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), una cantidad insuficiente para alisar el cabello eficazmente. Por ello, muchos tratamientos «alisantes» del mercado negro o importados ilegalmente contienen concentraciones muy superiores y peligrosas.

Hoy en día, existen alternativas más seguras al formol para conseguir un efecto alisador, como la taninoplastia o los tratamientos basados en ácido glioxílico. Si buscas un efecto liso, es fundamental que te asegures en el salón de peluquería de que el producto utilizado está libre de formol y de sus derivados (que pueden liberarlo al calentarse con la plancha). Si solo buscas reducir el encrespamiento y nutrir, un tratamiento de keratina puro es la opción adecuada.

Puntos clave a recordar

  • El riesgo principal no es un solo producto, sino el «efecto cóctel» por la acumulación de químicos de toda tu rutina diaria.
  • No todos los parabenos son iguales: centra tu atención en evitar los de cadena larga (propyl, butyl) en productos que no se aclaran.
  • El embarazo, la lactancia y la pubertad son «ventanas de vulnerabilidad» donde se debe aplicar un principio de máxima precaución.

¿Cómo reducir los residuos plásticos de tu baño un 50% sin tener que usar productos que te dejen el pelo mal?

Nuestra búsqueda de una rutina de cuidado más saludable no termina en la lista INCI. Se extiende de forma natural a la sostenibilidad y al impacto medioambiental de nuestros hábitos. Un baño lleno de botes de plástico a medio usar no solo es un problema de residuos, sino que a menudo es un síntoma de una compra impulsiva y poco informada. La transición hacia una cosmética más «zero waste», especialmente a través de productos sólidos, puede parecer un desafío, sobre todo por el miedo a que no sean tan eficaces como sus equivalentes líquidos.

La clave para una transición exitosa a la cosmética sólida (champús, acondicionadores, geles) es hacerlo de forma gradual y eligiendo formulaciones de calidad. Muchas de las quejas sobre el pelo «áspero» o «apagado» tras usar un champú sólido provienen de dos factores: un periodo de adaptación del cabello (acostumbrado a las siliconas de los champús convencionales) o el uso de productos mal formulados. Marcas españolas como Freshly Cosmetics, fundada en 2016, demuestran que es posible unir eficacia, ingredientes naturales y sostenibilidad. Sus productos no solo están libres de tóxicos y son aptos para embarazadas, sino que también apuestan por envases más sostenibles, mostrando que salud y medio ambiente pueden ir de la mano.

Para asegurar que la transición sea un éxito, sigue estos pasos:

  1. Comienza por lo fácil: Sustituye primero tu gel de ducha o limpiador facial por una pastilla sólida. La adaptación es casi inmediata.
  2. Aclara bien el cabello: Durante las primeras semanas de usar un champú sólido, tu pelo puede necesitar un «reseteo». Un aclarado final con una cucharada de vinagre de manzana diluido en un litro de agua ayuda a eliminar residuos y a cerrar la cutícula.
  3. Elige fórmulas nutritivas: Busca champús sólidos que contengan aceites naturales como el de coco, argán o manteca de karité para asegurar la hidratación.
  4. Conserva los sólidos adecuadamente: Para que duren, deben secarse completamente entre usos. Utiliza jaboneras con buen drenaje o bolsas de sisal colgantes.

Reducir los plásticos de tu baño no significa sacrificar la calidad. Al contrario, a menudo te lleva a descubrir marcas más comprometidas y formulaciones más limpias y concentradas, completando así el círculo de un cuidado personal verdaderamente consciente y saludable.

Adoptar hábitos más sostenibles es el paso final de una rutina de belleza consciente, y para ello es útil saber cómo integrar productos sólidos sin comprometer los resultados.

Preguntas frecuentes sobre conservantes y alternativas en cosmética

¿Son más seguros los conservantes ‘naturales’ que los parabenos?

No necesariamente. Los conservantes naturales como el extracto de semilla de pomelo o el sorbato de potasio también pueden causar alergias y su eficacia antimicrobiana es menor, lo que puede llevar a contaminación microbiológica del producto. La seguridad depende de la formulación global y de la sensibilidad individual, no solo del origen del ingrediente.

¿Es el fenoxietanol completamente seguro para pieles sensibles?

Aunque es considerado seguro a nivel general a una concentración del 1%, puede ser irritante para ciertas personas, especialmente en la zona del contorno de ojos y en pieles con tendencia atópica o rosácea. Como con cualquier ingrediente, la tolerancia es individual y requiere una prueba.

¿Qué diferencia hay entre alisado brasileño y tratamiento de keratina?

El alisado brasileño original utiliza formaldehído o derivados para romper la estructura interna del cabello y alisarlo permanentemente. Es un proceso químico agresivo. El tratamiento de keratina puro es un tratamiento de nutrición que repara la fibra capilar y reduce el encrespamiento de forma temporal, pero no tiene la capacidad de alisar un cabello rizado.

¿Qué alternativas seguras existen al formol para alisar el cabello?

Actualmente existen tratamientos alisadores más seguros que no utilizan formaldehído. Entre los más conocidos se encuentran la taninoplastia (basada en taninos de origen vegetal) y la enzimoterapia. Los alisados con ácido glioxílico también son una alternativa, aunque siempre se debe verificar la composición exacta con el profesional.

¿Cómo identificar si un tratamiento de alisado contiene formol?

La forma más directa es preguntar en el salón y pedir ver la composición del producto. Una señal de alerta inequívoca durante la aplicación es el desprendimiento de vapores fuertes e irritantes para los ojos y las vías respiratorias al pasar la plancha, un indicativo claro de la presencia de formaldehído o sus liberadores.

Escrito por Nuria Oliver, Bioquímica y Formuladora de Cosmética Natural y Ecológica. Especializada en ingredientes botánicos, aceites esenciales y seguridad en la elaboración de productos caseros (DIY).